Aunque se han identificado productos elaborados de acero que datan del año 3000 A.C. no se conoce a ciencia cierta la fecha exacta de los primeros aceros. Sin embargo, se considera que los primeros aceros con la suficiente calidad los obtuvo Sir Henry Bessemer en 1856.

Lo consiguió mediante un proceso que diseñó él mismo. Dicho sistema consistía en soplar aire a presión en el fondo de una cuchara donde se colaba el arrabio. El aire hace reaccionar su oxígeno con el silicio, luego el carbono, seguidamente del fósforo, los cuales son impurezas del hierro de la fundición. La reacción del oxígeno y el silicio es altamente exotérmica, lo que hacía que el metal se siguiera fundiendo sin necesidad de gastar más combustible. El aire se inyecta a presión por la parte de abajo del recipiente que tiene forma de una cuchara abierta, y se detiene hasta que surge una llama roja, la cual indica la oxidación del hierro.

Este sistema tuvo una gran repercusión en la revolución industrial, ya que se consiguió fabricar un material muy barato y con unas propiedades que nos permitieron fabricar mejores y mayores puentes, ferrocarriles, edificios, buques…

Más adelante, en el año 1857, Sir William Siemens consigió descarburizar la aleación de acero con la ayuda de óxido de hierro. En 1865 ya se hacían, aunque en cantidades muy limitadas, aceros con un 25% y 35% de níquel, los cuales resistian mucho mejor la acción de la humedad del aire, no obstante se trata de productores a muy pequeña escala.

Desde entonces, y hasta el año 1900 se estudian aleaciones con cromo, las cuales mejoraban la resistencia a la corrosión del acero. Más adelante se realizaron numerosos estudios sobre aceros aleados con cromo y níquel, es entonces cuando se puede decir que aparece el acero inoxidable que hoy día conocemos.

Así pues, el acero inoxidable no es un metal simple, sino una aleación, cuyo principal material es el hierro, al que se le añade una pequeña proporción de carbono. Así se consigue un material sólido y resistente a los agentes externos que puedan deteriorarlo.

Hoy el acero inoxidable tiene multitud de aplicaciones y nos rodea en prácticamente en todos los ámbitos de nuestra vida, en nuestros hogares, con forma de cubertería, fregaderos, sartenes, hornos…En nuestras ciudades, como varandillas de protección, como piezas de automóviles, sosteniendo paradas de autobús o siendo el fuerte esqueleto de ascensores y demás estructuras que precisen una larga vida útil.

Tiene también una gran presencia en el ámbito industrial, siendo una parte muy importante del equipamiento de empresas farmacéuticas, petroquímicas, plantas de tratamiento de líquidos y depósitos contenedores, entre muchos otros.

Molde de acero antiguo